Como si todo se tuviera que curar. Como si al ponerle un nombre a cada desorden, descubriéramos a la persona que hay detrás de cada desorden. Como si la enfermedad o la dificultad o el dolor nos hicieran menos dignos. Como si biodecodificar cada síntoma nos hiciera más humanos y Constelar cada relación nos hiciera más conscientes. Como si tuviéramos que ser perfectos para poder amarnos.

Experimentamos la salud y la plenitud cuando dejamos de sentirnos avergonzados de la vida, sin arrepentirnos por lo que hemos vivido. Y llegado el momento, podemos enfrentarnos a la muerte sin rencores ni expectativas.

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