Me gusta cómo se miran Madrid y Barcelona.
Él le reclama su brisa y sus aves de paso. Ella le pide las nubes del norte, las aguas altas de los ríos tranquilos. Se gustan mucho. Se envidian un poco también. Pero eso es bueno: envían migraciones de voces en mensajes secretos, a través de los caminos que construye la gente sin saberlo.

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