¿Que yo me contradigo?

Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué?

Yo soy inmenso, contengo multitudes.

(…)

Ya he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,

Y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma,

Y que nada, ni Dios, es más grande para uno que uno mismo,

Que aquel que camina sin amor una legua siquiera, camina amortajado hacia su propio funeral

Walt Whitman

 

¿Monogamia o poliamor? ¿Relaciones abiertas o relaciones cerradas? son preguntas trampas. Solemos negar una de estas dos formas de relación, pero toda relación plena contiene cualidades de ambas forma de relación: la honestidad, la comunicación respetuosa, un amor sin miedo a la experiencia de cada uno. La apertura a explorar la sexualidad libremente. Y por el contrario,  una relación que no es consciente, que realmente no es de amor mutuo, está negando la posibilidad de abrirse a explorar la relación y tener experiencias más profundas de unidad. Evitará revisar  de todos modos con honestidad, los miedos y los deseos.

Estamos en una transición del modelo de pareja, de los formatos de relación sexo-afectivos, de la familia nuclear a nuevos modelos de relación de pareja y de familia.  Sin la intención de profundizar en el proceso histórico y en el modelo socio económico que representa la relación monogámica, pero sin prestarme a una mirada  superficial, sobre los diferentes niveles y dimensiones que afectan a cualquier relación sexual y afectiva (por no decir pareja), quisiera hacer algunas aportaciones a partir de mi experiencia profesional y personal.

A los nuevos formatos de relación no definidas fuera de la polaridad monogamia-poligamia, se le puede llamar novogamia. Es importante comprender que algo sea nuevo, no significa que sea diferente. Y que hayamos modificado algo de nuestras relaciones, no implica que hayamos cambiado: pues la mayoría de veces pretendiendo tener otro tipo de relación, reproducimos la misma mentalidad, con las mismas problemáticas del modelo de relación que buscamos escapar.

Por supuesto, en esta crisis de identidad de la pareja, estamos usando la libertad sexual de manera reactiva, para no asumir la responsabilidad de lo que implica relacionarse con el otro, considerando tambien sus necesidades y sentimientos. Una cosa es explorar la sexualidad y las relaciones, abriéndonos a nuevas perspectivas y experiencias, y otra muy diferente es dejar de cuidar la relación, olvidar el respeto y la honestidad. Gracias a la relación puedo conocerme, por lo que la relación con el otro es sagrada siempre. Veo a menudo como en este movimiento pendular, las personas se hacen mucho daño por falta de transparencia, o por no considerar los sentimientos de los demás. Pero si la búsqueda de nuestra libertad genera sufrimiento, ¿es realmente libertad?

Las personas monógamas suelen considerarse mejores que los polígamos. Creen que la monogamia está basada en un compromiso, una fidelidad y una profundidad amorosa que el poliamor no ofrece. Y los poliamorosos consideran que están más evolucionados que los monógamos: que han superado los imperativos del patriarcado, de la puerilidad del amor romántico, porque han crecido en madurez por encima de los celos y la posesividad, que tienen un corazón más amplio, y que no necesitan enfocarse en una sola persona, por lo que son más honestos.

A mi modo de ver, ambas formas de relación son dos caras de una misma moneda: forman parte de una polaridad inseparable (en verdad desde los principios de los tiempos). Ahora bien, si es posible hacer alguna aportación a esta dicotomia, es necesario hacer propuestas de reflexión honesta, a modo de cuestiones que quedando abiertas nos empujen más allá de nuestra ideología. Observaciones que lejos de ser conclusiones, sean sólo propuestas constructivas y de reconocimiento sincero,  para saber desde donde estamos vinculándonos con el otro, y cuál es el propósito real que hay en cada momento de relación.

Una nueva mirada que nos pueda abrir a experimentarnos libres afectiva y sexualmente,  que nos permita conocernos mejor en el misterio del  amor y el deseo,  incluyen ideas como estas:

    • Cada relación (de pareja o no) es un nuevo modelo de relación sexual,  afectiva y de crecimiento personal y espiritual. Hay tantos modelos de relación como relaciones. Las relaciones anteriores nos han permitido llegar hasta aquí frente a esta persona, y somos la suma de todas esas experiencias y comprensiones.
    • No hay relaciones ni parejas mejores ni peores que otras. En cada momento actuamos según la conciencia que disponíamos, las necesidades sexuales y afectivas de la relación, el proceso evolutivo relacional por el que estábamos transitando. Ayuda sostener la propia culpa y crecer con ella, sin querer deshacernos de ella con proyecciones ni victimizaciones.
    • El desorden y la dificultad están en la relación, no en la persona. Toda vez que podemos sufrir indeciblemente un problema determinado con alguien, y con otra persona esa dificultad no aparece (aunque esté latente). Cuando digo que la dificultad está en la relación me refiero también, a que muchas veces el problema está dentro de la relación familiar, o entre los sistemas familiares de las dos personas vinculadas. Todos conocemos o hemos experimentado, relaciones que no han podido consumarse porque había un conflicto o una dificultad que no pudimos o supimos resolver con la madre o el padre de nuestra pareja, o con nuestros padres porque no aceptaban a nuestra pareja. Cuando se unen dos personas, se unen dos sistemas familiares con todos los hombres y mujeres de esas dos familias.
    • Hay una forma de relación sexual y afectiva, para cada momento. En una misma relación podemos experimentar la necesidad de transitar diferentes formatos sexo afectivos. Lo esencial es la honestidad y la capacidad de comunicar las necesidades. Encontrar acuerdos que no dañen a nadie por falta de comunicación sincera. Si fuera posible seguir juntos, sin sacrificios por ninguna parte, y explorar lo que la relación pide o expresa, podemos abrir y cerrar procesos de forma natural y coherente al momento de la relación. En una parte del camino una pareja puede abrir la relación para integrar a otra persona, igual que puede tener interés en explorar ciertas prácticas sexuales. Hay mucha frustración en las parejas por no atreverse a expresar y experimentar ciertas cosas cuando en realidad mantienen deseos ocultos. Nos sorprendemos muchas veces como a pesar que inicialmente, nuestra pareja tiene ciertas resistencias, el hecho de vivir ciertas fantasías o deseos juntos, une a la pareja de un modo creativo y transparente, o la confronta con las diferencias de deseos y necesidades de cada uno.
    • Es necesario superar la normatividad. Todo lo que nos quiere hacer normales (iguales bajo un standard), es un atentado contra nuestra autenticidad como seres afectivos (espirituales) y sexuales (creativos). En este sentido, cualquier ideología es una normativización, una zona de confort emocional, cognitiva-conductual. En este momento, podemos necesitar ser monógamos, vegetarianos y ecologistas, pero no deja de ser un límite sobre el cual estamos explorando quienes somos. Este límite nos da una dirección, es un puente sobre el cual estamos atravesando, pero no es necesario construir una casa en él, para quedarse a vivir.
    • Reconozcamos las incoherencias de nuestra identidad sexual. Es común ver personas que a un nivel cognitivo son poliamorosas o monógamas y que a nivel emocional y sexual son lo contrario. La relación es el mayor camino de transformación personal. De hecho es imposible crecer sin relaciones, en su sentido más amplio. Buscar la coherencia y la honestidad es el propósito ulterior en toda relación. Para ello debemos estar en un contacto real con nuestras necesidades y sentimientos, y atenderlos con verdadero cuidado sin pretender estar en lugares en los que no estamos, ni ser lo que no somos.
    • Las relaciones largas no son mejores que las de corta duración. El éxito de una relación no se puede medir externamente. ¡Y mucho menos con la variable tiempo! Es necesario salir del paradigma de la productividad (otro legado del sistema), e integrar la relación dentro de un paradigma transpersonal. ¿Es más valiosa una relación de 20 años donde una pareja no ha tenido reconocimiento mutuo, y no ha podido comunicar sus sentimientos sin que el otro se sienta herido, o una relación de 3 semanas donde has podido abrir tu corazón y ver algo esencial en ti, aunque sea de tus propias dificultades y miedos? De igual modo, no podemos decir que una relación haya fracasado porque tenia un formato monógamo o polígamo. Ambos pueden ser perfectamente inadecuados para una relación, según el momento y las personas.

Monogamia o poliamor?

    • Y lo más importante:  No es el formato de relación sino la conciencia que hay en la relación lo que permite la plenitud y la realización del amor. Una relación monógama o poliamorosa pueden ser igual de completas, honestas, diversas y profundas. ¡La tendencia es siempre confundirnos con las formas! Por supuesto, cada una se enfrenta a unos desafíos específicos. Quizá en la monogamia sea superar la habituación sexual, la rutina y la complacencia de las zonas de confort; y en las relaciones poliamorosas y/o poligámicas, la falta de foco, la inconsistencia, la dificultad para alcanzar cierta profundidad en el vínculo, y la tentación de la dispersión epicúrea.  Es siempre, nuestra conciencia la que determina la experiencia, y no las circunstancias ni las categorías con las que nombramos la relación. Es nuestra conciencia la que nos puede permitir superar nuestros condicionamientos socioculturales, nuestras creencias limitantes, nuestros conflictos internos y relacionales. Es  nuestra conciencia lo que nos predispone a ciertas relaciones, y son las relaciones las que transforman nuestra conciencia personal. Porque somos nuestras relaciones

Jonàs Gnana


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