Si de algún modo estamos resentidos con anteriores parejas, seguimos dependiendo de ellas. Una gran decepción esconde una gran expectativa. Un enfado inexpresado, un duelo inacabado. La imposibilidad para sentir el dolor, implica la dificultad para sentir el placer y la ternura.

Querer depender sólo de uno mismo, es una forma de cerrarnos a una parte de la vida: en vez de proteger el corazón detrás de las paredes de la decepción acumulada, podemos aprender a abrir el cuerpo como si fuera un gran corazón, vulnerable y lleno de la radiante fuerza de amor.

Para abrir el corazón, es necesario hacer disponible el cuerpo al placer, la ternura y la sensualidad, y permitirnos gradualmente, sentir en el cuerpo el dolor que lo ha ido desensibilizando, para volver a dejar que todo te toque de nuevo.

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