¿Cómo podemos liberarnos de patrones perjudiciales? ¿Y si nosotros somos quienes tenemos actitudes y comportamientos de relación tóxicos? ¿Qué podemos hacer para lograr aquello que deseamos pero constantemente nos boicoteamos? ¿Sabemos lo que anhelamos profundamente?

Si queremos cambiar hábitos y patrones que nos hacen sufrir hay un camino simple y directo: asociar experiencias emocionales dolorosas a nuestro antiguo comportamiento. Todas las personas generamos actitudes y relaciones en base a lo en algún momento nos dió placer o dolor, y por lo tanto en ese instante hubo una neuroasociación que comenzó a generar un patrón que busca una satisfacción. Es posible que ahora nos parezca algo indeseable, pero en alguna manera y momento de nuestra historia nos produjo algún beneficio o satisfacción en algún nivel.

7 pasos para la transformación personal

  1. DECIDE CLARAMENTE LO QUE DESEAS Y OBSERVA HONESTAMENTE QUÉ TE IMPIDE LOGRARLO AHORA.

La mayoría de las personas se enfocan en lo que no desean, al punto que les parece incluso algo positivo. Pero lo cierto es que nuestro inconsciente busca confirmar con la experiencia y la percepción aquello en lo que enfocamos nuestra atención. Es indispensable tener un propósito al cual dirigirse. Cuanto más específico tanta mayor claridad será la que tengamos, y mayor fuerza para reunir nuestros recursos internos en una sola dirección. Por otro lado, como en un nivel inconsciente asociamos este hábito o comportamiento a algo que nos ofrece placer en algún nivel, la idea de un cambio esta vinculada necesariamente al dolor. También es posible que temamos a las consecuencias que pueda traer lo desconocido. En este punto es condición sine qua non reconocer honestamente cuales son los obstáculos que le otorgan más poder a mis resistencias que a mi deseo de transformación.

  1. ASOCIA EL DOLOR A NO CAMBIAR AHORA Y UN GRAN PLACER A LA EXPERIENCIA DE TRANSFORMARTE AHORA (Apalancamiento).

Cambiar una actitud o un hábito no es una cuestión de capacidad, suele ser una cuestión de motivación. La disciplina verdadera es fruto de una motivación intrínseca, no del sacrificio. Cuando ya no queremos sentirnos víctimas de algo que nos pasó en el pasado, cuando deseamos abandonar una relación dañina o queremos dejar de fumar, es determinante reconocer que detrás de esta inercia perjudicial existe algún beneficio oculto para nosotros. Incluso puede haber la creencia que si abandonamos un cierto comportamiento algo peor nos puede pasar:  Si dejo de odiar a quien me hizo daño, me volverá a pasar. Muchas veces creemos que el miedo nos protege de un peligro, para que no vuelva a suceder. Aunque el miedo en un nivel funcional tiene un sentido de alerta y protección, el miedo psicológico nos deja atrapados, con mayor temor a lo nuevo, al cambio, que a aquello de lo que estamos sufriendo. Es menor la necesidad de saber cómo que el para qué. Para ello debemos reconocer profundamente cuanto nos hace sufrir cierta situación o relación, y saber cual es el propósito real por el que deseamos un cambio, no sólo por evitar el dolor, sino las motivaciones más profundas que sentimos. Saber que no estamos viviendo en base a nuestros principios y valores, puede extraer una de las fuerzas más poderosas de nuestra mente: preservar la integridad de nuestra identidad. Para ello ayuda hacer preguntas inductoras del dolor, que nos lleven a una mayor honestidad: ¿Cuál es el precio de no hacer este cambio? ¿Qué coste tiene para mi a nivel emocional, físico, mental, espiritual?  ¿Qué efecto tiene sobre mis relaciones, cuanto dolor o dificultad genera a las personas que hay a mi alrededor, a las personas que quiero?  Y después, preguntas que nos abran a una nueva perspectiva sobre nosotros mismos y la relación con los demás. ¿Qué clase de impulso puede crear este cambio en mi vida? ¿Qué transformaría de mi relación si diera este paso? ¿Qué otras cosas podría lograr como consecuencia de este cambio?

  1. INTERRUMPE EL PATRÓN LIMITADOR.

Una adicción es la intención de hacer las mismas cosas una y otra vez, buscando un resultado diferente.  Para cambiar una pauta limitadora no es suficiente ponernos en contacto con el dolor y descubrir el hondo anhelo de realizar nuestro propósito.

Una manera de interrumpir un patrón consiste en hacer cosas de manera inesperada. Necesitamos actuar de forma radicalmente a lo que hemos hecho anteriormente. Todos los intentos fallidos son muestras de lo que no funciona, entonces ¿por qué volver a intentarlo del mismo modo? Desafiate. Llévate por caminos no transitados por tu red neuronal. Realiza acciones paradójicas para tu sistema de creencias, que no tengan un sentido según tu sistema de creencias y que no busquen un objetivo específico. Las soluciones intentadas son prueba que hemos pretendido encontrar una salida desde el mismo paradigma del problema que nos hemos causado.

A esta forma de responder lo podemos llamar actos psicomágicos, pues no tienen más intención que romper la cadena lineal de causa-efecto de nuestra vinculación inconsciente con un comportamiento. También lo podemos llamar realizar un no-hacer. Los no-haceres rompen con nuestras expectativas, porque no siguen la pauta psicológica que ha ido generando una red neuronal, que repite inconscientemente una inercia con asociaciones mentales y emocionales.   La próxima vez que te sientas deprimido, grita: Aleluya, ¡hoy no me huelen los pies! Sal corriendo en calzoncillos bajo la lluvia cuando se apodere de ti la ira. O grita ¡asesino! cuando estés juzgándote por algo que te obsesiona del pasado, o comiendo compulsivamente. La clave está tanto en realizar un acto que rompa el patrón como que haya una asociación dolorosa con la pauta emocional.

Una vez hayas repetido un no-hacer 3 o 4 veces debes cambiarlo por otro, sino se convierte en otra pauta. Igual sucede cuando cuando nos reprimimos una emoción, su intensidad queda anclada en nuestra memoria celular. Por supuesto, no gritar a nuestra pareja cuando entramos en cólera tendrá menos repercusiones negativas sobre el otro y sobre nosotros mismos, pero no transformará nuestra conciencia, al no darle una vía de expresión a nuestras emociones.

  1. CREA UNA ALTERNATIVA NUEVA QUE TE EMPODERE.

¿Cómo puedes sustituir el vacío que deja el rastro de un hábito o comportamiento? Por más extraño que nos parezca las relaciones tóxicas, la intensidad emocional por más perjudicial que nos parezca, provoca una adicción. He oído muchas veces como alguien echa de menos a una persona que la maltrataba o incluso le agredía. Las sustancias sabemos que tapan la carencia o el dolor de una relación, muchas veces de la infancia.Cuando abandonamos un patrón de relación o un hábito emerge el conflicto, dejándonos más desnudos ante la situación. Por eso necesitamos ser respetuosos con nuestro proceso, a la par que estamos determinados debemos cuidarnos sin forzar nuestros tiempos y capacidades.

Cuando rompemos una vieja pauta, nuestro cerebro buscará una pauta sustitutiva que evoque la misma experiencia. Por eso es común ver a alguien que cuando deja de fumar comienza a comer dulce sin control, aumenta la ansiedad sexual. La clave en esta etapa entonces, es encontrar conscientemente nuevas sensaciones y comportamientos que puedan sustituir los que eran indeseables que nos aporten igual o mayor placer.

  1. FORTALECE LA NUEVA PAUTA HASTA QUE SEA CONSISTENTE.

En este punto debemos condicionar el cambio que hayamos realizado hasta que sea suficiente consistente y duradero que su eficiencia no sea cuestionada ni haya la tentación de regresar atrás. La clave es simple:practicar de forma repetitiva aprovechando cualquier ocasión para reforzar nuestra experiencia.

Podemos realizar un refuerzo positivo o uno negativo, según creamos conveniente. Pero lo importante es que sean como respuesta inmediata. Sabemos que funcionan mejor los refuerzo positivos, sobre todo cuando se va subiendo el listón de recompensa. Es decir, por ejemplo si cada vez que pasa más tiempo sin repetir un hábito negativo nos ofrecemos un refuerzo positivo mayor, la nueva pauta se consolida mejor.  Es indispensable que haya una neuroasociación emocional, cuanto más intensa es la emoción mayor es el impacto. Recuerda que una recompensa sistemática resultará en una pauta consistente. Podemos darnos las gracias, bailar, darnos un espacio de tranquilidad, hacernos un regalo. Reír un poco para comenzar el refuerzo positivo. Ninguna experiencia positiva que cambie nuestro ánimo es insignificante. Visualizarnos realizando cualquier logro es la cumbre del refuerzo positivo, porque aúna la experiencia emocional con los recursos cognitivos que se irán activando de forma creativa, ofreciéndonos momentos de inspiración para crear cada vez más, situaciones de éxito personal.

  1. PONTE A PRUEBA Y SUPERVISA EL PROCESO.

En esta etapa revisamos todos los pasos anteriores e intentamos comprobar si va a funcionar eficientemente en el futuro. Cada lugar en el que nos encontramos en la conciencia o en una relación debe ponerse a prueba para constatar su fiabilidad y coherencia. Si funciona a medias, no funciona. Debe haber un deseo vehemente de mejora.

Imaginemos la situación que nos generaba tanto conflicto, o nos ponemos voluntariamente en las circunstancias que detonaban el dolor o la tentación de volver al viejo patrón limitador. ¿Hemos superado el deseo de comportarnos igual que entonces? ¿Nos sigue atrayendo un poco esa reacción a la culpabilidad, nos sigue bloqueando el miedo, seguimos deseando aquella forma de relación tóxica?

Para comprobar si estás siguiendo el proceso de forma eficiente, sigue estos pasos:

  • Asegúrate que el dolor está totalmente asociado al patrón limitante. ¿Puedes observar tus antiguos comportamientos, las formas de relación tóxica como realmente dolorosas e indeseables?
  • Asegúrate que el placer se halla totalmente asociado a la nueva pauta.
  • ¿Has adaptado de forma consistente los nuevos comportamientos y relaciones a los nuevos valores, creencias y pautas?
  • Asegúrate que se mantienen los beneficios en la nueva pauta. ¿Los nuevos comportamientos y hábitos consiguen tener la misma cantidad de placer o más que los antiguos?
  • Ponte en nuevas situaciones donde puedas poner a prueba tus nuevas actitudes y formas de relación. Comprueba que los nuevas formas de relación y de actitud ante cada contexto puedes responder de forma diferente y creativa.
  1. BUSCA TU CONCIENCIA DE PLENITUD.

En verdad este es un principio no una etapa. Debe estar presente en cada momento que perdamos la sensación de compleción, en cada momento que sintamos miedo. No hay modo de llegar a una experiencia de realización desde esta sensación de fragmentación y de carencia, pues no hay un camino lógico y lineal desde la depresión a la felicidad, del odio al amor. Son estados completos por sí mismos. Mundos que no están conectados. En este sentido lo único que hacemos en este proceso de liberación o sanación es recuperar la cordura, discriminar lo que es falso de lo que es real.

Esta es una actitud paradójica, por supuesto. Pero justamente nos encontramos en esta experiencia donde nos sentimos divididos, sin fuerza para la vida, porque hemos hemos perdido la conciencia de plenitud. ¿Sino por qué la anhelaríamos?  Todos tenemos la misma capacidad, las competencias necesarias para sentir la plenitud en nosotros mismos. No importan los talentos, los dones heredados. Nos darán la posibilidad de usar unas herramientas u otras, pero finalmente para deshacerse de la mediocridad y el miedo a ser, únicamente necesito mi honestidad. El acto de reconocer nuestras mentiras, de observar nuestra manipulación emocional es la única madurez que me puedo ofrecer. La honestidad para descubrir mi deshonestidad, es un proceso constante que no tiene una señal de final del camino. Para revelarnos su belleza, la vida sólo encuentra espacio en nosotros en el acto de soltar, en una total impotencia de apropiarse o aferrarse de algún estado o comprensión.

Estamos obligados a pasar por estas etapas para liberarnos de esta experiencia de carencia y miedo.  Entrar totalmente en el sentir el dolor, en abrirnos al miedo de no ser nada, en experimentar genuinamente el conflicto que detonan nuestras relaciones. Estamos obligados a vivir un proceso hasta reconocer que la vivencia de la plenitud es tan sólo una decisión.

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